Grandes personas

Ene 2, 2017

Son científicos, investigadores, maestros, profesores, médicos, o no médicos… personas generosas que han observado y estudiado incansablemente, y con entusiasmo, nuestra manera de alimentarnos y su influencia en la salud, en todos los órdenes de la vida.


Dra. Catherine Kousmine

Investigó y trató enfermedades degenerativas, sin subvenciones de ningún tipo, sus tratamientos en general no eran impulsores de ventas de medicamentos, a pesar de que exitosamente trataba a enfermos muy graves.
En su libro “Salve su cuerpo” (alrededor de los años 40), cuenta preocupada, que el índice de cánceres aumentaba, y que debía intentar comprender esta enfermedad. Sin recursos, instala en su departamento un laboratorio donde estudia durante 17 años, a ratas que desarrollan cáncer mamario. Alimentaba a un grupo con trigo integral, zanahorias crudas y levadura de cerveza. Mientras que a otro grupo con una alimentación desvitalizada, basada en el pan blanco. La proporción de tumores descendió al 50% en las ratas a las que les daba alimentos crudos y naturales.

La Dra. Kousmine compartió sus investigaciones con quienes desearon aprender de su experiencia para prevenir y tratar enfermedades degenerativas, afirmando en varias oportunidades que “el cambio de mentalidad pasará por los enfermos, no por los médicos”, dado el desinterés que observaba en sus colegas médicos e investigadores.

Su mensaje (falleció a los 88 años en 1992): cada uno de nosotros es el directo responsable de su salud. Su concepto hipocrático de “Somos lo que comemos” y “No hay enfermedades degenerativas sin intoxicación crónica del intestino”, la llevó a establecer su tratamiento basado en 4 pilares:

  • Alimentación sana: reducir las proteínas animales y grasas saturadas, suprimir los azúcares, harinas y aceites refinados y sustituirlos por alimentos frescos, granos enteros y aceites prensados en frío.
  • Limpieza intestinal: las enfermedades degenerativas van estrechamente vinculadas a la intoxicación crónica que empieza en el intestino y el hígado. La práctica regular de enemas forma parte de su método.
  • Alcalinización de la orina: la dieta occidental es adificante. Para neutralizar dicha acidez el organismo debe recurrir a sus reservas de sales minerales, creándose una carencia de los mismos.
  • Suplementación con vitaminas y minerales: la dieta occidental es excesiva, pero carente, en especial en vitamina F, al consumir aceites refinados y grasas saturadas. Los suplementos en vitaminas y minerales formaban parte también de su método. El resultado de poner en práctica este método es que a los pocos meses aumenta el potencial de salud y bienestar del paciente.

Fundación Dra. C. Kousmine


Dr. Gabriel Cousens

Es el fundador y director del centro de salud natural y rejuvenecimiento “Árbol de la vida” en Arizona, Estados Unidos. Médico holí¬stico, homeópata, acupuntor, psiquiatra, diplomado en Ayurveda, yoga, maestro de Kundalini con más de 40 años de práctica, líder pacifista y ecológico. Sanador reconocido internacionalmente, facilitador espiritual. Autor de exitosos libros: Nutrición Espiritual, Alimentación Consciente y Hay una Cura para la Diabetes, entre otros. Especialista en alimentación viva con más de 35 años de experiencia en patologías como el cáncer o la diabetes.

En su libro “Hay una cura para la diabetes: Programa de 21 días del Tree of Life”, explica cómo es su programa de 21 días para la recuperación de la diabetes, enfermedad que es considerada incurable. Dice Cousens: “Hemos insinuado que el éxito en la reversión de la diabetes se basa en el consumo de alimentos con vida, ricos en enzimas y no procesados. Se trata de una dieta similar a la que los humanos comieron durante quizás 3,2 millones de años, pero un cambio ocurrió hace unos 10 mil años cuando la agricultura y la ganadería se convirtieron en la base de las culturas tribales”.

El tratamiento que brinda el Dr. Cousens es la extensión de muchas investigaciones que lo antecedieron con resultados espectaculares como las terapias del Dr. Gerson quien curó de diabetes a Albert Schweitzer (premio Novel de la Paz, filósofo, pensador, médico, músico, teólogo). El Dr. Cousens ha comprendido y puesto en práctica el poder de los alimentos vivos y los ayunos con jugos verdes para producir una rápida mejora genética. Expresa su voluntad en seguir investigando para que sus resultados preliminares sean definitivos.

Durante los Cursos intensivos a los que asistí las dos veces que el Dr. Cousens vino a la Argentina, remarcaba: “Cuando cocinás, perdes el 50% de las proteínas, el 80% de las vitaminas y minerales, y el 95% de los fitonutrientes. Con la comida viva podés comer la mitad y tener más nutrientes”. Y también “Si todo el mundo se alimentara solo de vegetales, habría suficiente comida para alimentar al mundo siete veces más. Las vacas consumen los recursos de comida para la humanidad: cien vacas comen el grano que podrían comer dos mil personas”.

Nos estamos alimentando bien, decía el Dr. Cousens en sus charlas, cuando luego de comer nos sentimos tranquilos, con más energía y satisfechos. Es un indicador que la alimentación fue buena.

Explicaba que comer no significa solamente llenar la boca; comer significa desarrollar a una persona completa. La energía de la comida va a la cabeza, a la conciencia, a la fuerza y también a la eliminación. Ese debe ser el balance. Explicaba también que su propuesta requiere además de la alimentación viva, un estilo de vida de la Cultura de la Vida: cooperación, compasión, reducción de la contaminación del planeta. Nos hizo saber, que si comemos con alta conciencia, elevamos mucho más nuestra conciencia y eso nos hace más felices.


Dr. Paul Kouchakoff, M.D.

Demostró que el alimento en su forma natural, no cocinado, no origina leucocitosis, o bien, que definitivamente el alimento cocinado es la causa de esta alteración. Los médicos descubrieron este fenómeno en 1846; definiendo a la “Leucocitosis” como la patología que da un número excesivo de glóbulos blancos en la sangre. La llamaron “leucocitosis fisiológica digestiva” y la marcaron como “normal”, ya que todo el mundo la sufría.

Kouchakoff en cambio demostró que los alimentos cocinados por encima de los 100°C producen leucocitosis digestiva, lo que está indicando un estado de defensa contra un invasor, contra un veneno o un tóxico. El alimento cocinado es recibido por el organismo como un cuerpo extraño, y por lo tanto provoca una respuesta inmediata de los anticuerpos leucocitarios.

En la sangre de una persona adulta sana se encuentran en ayunas entre 6.000 y 8.000 leucocitos; luego de un desayuno compuesto por una taza de leche con chocolate y azúcar, pan y manteca, el número de leucocitos aumenta a 13.000 luego de 30 minutos, para descender a lo normal después de 90 minutos. Por el contrario, luego de una comida con alimentos crudos/vivos ninguna variación notable ocurre, ¡ni en el número ni en la repartición de los glóbulos blancos!

La conclusión de Kouchakoff es que la modificación de la fórmula sanguínea (cuantitativa y cualitativamente) observada después de cada comida cocida debe ser considerada como un fenómeno patológico. Demostrando que el organismo entra en situación de defensa y combate porque estas sustancias “muertas” (alimentos cocinados), no pueden ser normalmente asimiladas, permaneciendo todo el cuerpo irrigado durante horas por una sangre completamente modificada y en estado de alerta. Habiendo un derroche de energía por parte del organismo tratando de neutralizar ese alimento que no reconoce.

La técnica desarrollada por el Dr. Kouchakoff se encuentra expuesta ampliamente en las “Memorires de la Societé Vaudoisie des Sciences Naturelles”, vol. 5, núm 8, 1937.

Su trabajo trajo luz al hecho del porqué se obtiene un alivio rápido de los padecimientos agudos y crónicos con los alimentos crudos/vivos, por la simple reducción de carga de sustancias que la sangre debe soportar, junto con el ahorro de energía vital, sobre todo en el Sistema Inmunológico.
Demostró que es suficiente una alimentación con un 80% de crudos naturales, con un 20% de cocinados en las formas de cocción menos agresivas (vapor); aunque con fines curativos y regenerativos, la alimentación debe ser totalmente cruda/viva.


Dra. Ann Wigmore

Nació en Lituania (1909) y desde muy joven aprendió de su abuela el efecto curativo de las plantas medicinales, curándose a sí misma en diferentes ocasiones en las que su salud estuvo muy débil, con una buena cantidad de hierbas silvestres ricas en clorofila, flores, oraciones y baños de luz solar.

Dra. y diplomada en Naturopatía, en Francia y en Inglaterra en 1960 y 1962 respectivamente. Dra. en Filosofía, en Humanidades y en Sicología. Obtuvo muchos premios y distinciones a lo largo de su vida, siendo los más representativos (a mi entender) el Premio como Mujer de la Década, de la Sociedad Humanitaria por su servicio al mundo en el campo del cáncer y otras enfermedades degenerativas (1970-1980); y el Premio de Reconocimiento por su trabajo en la regeneración del tejido y de las células humanas, otorgado por la Fundación del Premio Nóbel, Academia Laplander de las Ciencias (1971).

Fundó el Instituto de Salud Hipócrates en Boston. Estudió los alimentos más nutritivos que pudieran cultivarse en los interiores de las casas; investigó y desarrolló el jugo del pasto de trigo, los germinados, el agua enzimática, la sopa energética y el estilo de comida viviente, enseñándolos en sus clases y a través de sus libros. Decía que tenemos un poder para sanarnos, y que cuidar del cuerpo es una responsabilidad individual.

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